El Omega 7, también llamado palmitoleico, puede mejorar la sensibilidad de la insulina y prevenir todo tipo de enfermedades cardiovasculares y relacionadas con el aparato circulatorio de nuestro cuerpo.

A pesar de que no se considera esencial, una ingesta adecuada de este ácido graso ofrece amplios beneficios para nuestra salud, puesto que los últimos estudios han demostrado que mejora la hidratación de las mucosas y regenera la piel. En ambos casos, tanto si es consumido por vía oral como si se aplica por vía tópica.

El omega 7 ayuda a prevenir la resistencia a la insulina vinculada a la obesidad y se asociada a una menor acumulación de gasa en el hígado.

Además, tiene beneficios para nuestra salud cardiovascular, en concreto en el tratamiento del síndrome metabólico, una patología que se caracteriza por la acumulación de grasa alrededor de las vísceras, un aumento del colesterol y triglicéridos, hipertensión y altas concentraciones en sangre de glucosa en ayunas.

Sin embargo, este ácido solo se puede encontrar en determinados alimentos y en pequeñas cantidades, algo que hace que no sea fácil incluirlo en la dieta.

Las principales fuentes de omega 7 se encuentran en pescados, como la anchoa o el salmón, en las nueces de Macadamia, aguacate, aceite de oliva, vegetales y marinos, y en el espino amarillo, una planta que hoy en día es la más utilizada como complemento alimenticio de base de omega 7.