Un nuevo estudio de la Escuela de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) afirma que el ejercicio físico proporciona cambios positivos duraderos cuando los individuos eligen sus propios objetivos y los ponen en marcha inmediatamente.

Los resultados del estudio, publicado en JAMA Cardiology, son especialmente importantes, porque se dieron entre una población descuidada con un riesgo elevado de sufrir o desarrollar afecciones del corazón.

En este sentido, la mayoría de programas destinados a cambiar el comportamiento se basan en el establecimiento de objetivos, pero carecen de un método para diseñar el camino a seguir hasta alcanzarlos.

Por ello, este estudio ha descubierto que, cuando son los individuos quienes se fijan sus propios objetivos en lugar de hacerlo otra persona, y los ponen en práctica inmediatamente en lugar de hacerlo en una progresión gradual de menos a más, la actividad física aumenta.

Para realizar la investigación se incorporaron 500 pacientes en una baja situación socioeconómica que padecían enfermedades cardiovasculares o con un riesgo cercano al 10 de desarrollarlas. Estos individuos se beneficiarían del incremento de la actividad física.

Cada participante recibió un rastreador de pasos portátil, como se ha hecho en estudios anteriores. La novedad es que este estudio no se centró tanto en la participación en los juegos como en la manera de establecer los objetivos e incitar a los participantes a seguirlos.

Los integrantes tuvieron dos semanas para adaptarse al contador de pasos, tiempo que sirvió como referencia para contar el número de pasos diarios de cada individuo antes de la intervención. Después, cada individuo fue asignado de forma aleatoria a un grupo de control sin objetivos, pasos o juegos, o a otro grupo de juegos con objetivos.

Del mismo modo, los miembros del grupo con juegos fueron asignados de forma aleatoria a otros dos grupos. Uno de ellos estipulaba si decidían su objetivo de pasos o les era asignado, y el otro decidía si empezaban con los objetivos de inmediato o lo hacían de forma gradual.

Los resultados evidenciaron que el único grupo que aumentó su actividad física fue el que pudo decidir sus propios objetivos y comenzó con ellos de forma inmediata. Por tanto, esto supone una mayor motivación, porque sienten que el objetivo es suyo y le dedican un mayor compromiso.

Además, este grupo de control continuó aumentando su nivel de ejercicio físico hasta ocho semanas después de la intervención. De este modo, los programas dedicados a fijar objetivos tienen que ser más personalizados para que se produzca un impacto más significativo traducido en un aumento del ejercicio físico.