A la hora de preparar las comidas del día, suele recomendarse que prestemos más atención a nuestro desayuno que a la cena. Esto se debe, como destacan los especialistas en nutrición, a que, al despertarnos, nuestro cuerpo está más preparado para absorber los nutrientes que le proporcionemos, y tiene una mejor capacidad de procesar los alimentos.

Sin embargo, una de las creencias más extendidas subraya que, mientras que por las mañanas es esencial tomar un desayuno más elaborado, al llegar la noche, nuestra cena debe ser mucho menos abundante. Un hecho que, como reconocen los expertos, no debería reducirse a la cantidad de comida que tomemos, sino a que escojamos alimentos más ligeros para cenar.

De esta forma, sería preferible optar, por ejemplo, por un plato de salmón y arroz, o verdura; antes que por una tostada de pan con queso. Así, es importante escoger platos que, aunque puedan ser más abundantes, cuenten con una menor densidad calórica.

Por otra parte, también es importante adelantar está última comida del día. Con ello ayudaremos a nuestro sistema digestivo a absorber mejor los nutrientes. Puesto que, cuanto más tarde cenemos, menos preparado estará nuestro organismo para procesar los alimentos.

De hecho, esto puede llegar a provocar distintas enfermedades metabólicas, como obesidad o diabetes. Por todo ello, es importante no descuidar nuestras cenas; ya que, además de los beneficios que puede suponer esta alimentación para nuestro organismo, la última comida del día influye también en nuestro descanso y calidad de sueño, así como en la reparación de tejidos dañados.