El grupo de investigadores ha demostrado que no existe un vínculo claro entre el consumo de productos lácteos enteros con el aumento de peso, con el colesterol alto o con la presión arterial alta en los niños. Sin embargo, la mayoría de estos análisis son observacionales, es decir, que no serían 100% fiables.

Según la principal autora del estudio, Therese O'Sullivan, de la Facultad de Ciencias Médicas y de la Salud de la ECU, los lácteos bajos en grasa generalmente se recomiendan tanto para adultos como para niños mayores de dos años por su menor contenido en energía y grasa saturada. Sin embargo, los estudios sugieren que los niños que consumen productos lácteos bajos en grasa en lugar de grasas enteras, en realidad están reemplazando las calorías de la grasa con otros alimentos.

Para la investigadora, esto sugiere que los lácteos bajos en grasa son menos saciantes que los enteros; y además puede hacer que los niños consuman otros alimentos que no sean tan saludables.

La solución que ofrece la experta pasa por realizar un mayor número de investigaciones para evitar la existencia de tanta información contradictoria.