Un estudio publicado en el Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics afirma que los menores que realizan deporte durante la primera infancia tienen menos posibilidades de sufrir síntomas depresivos y de ansiedad con posterioridad, lo que se conoce como malestar emocional.

Del mismo modo, la investigación sugiere que aquellos niños que presentan menor malestar emocional durante la infancia son más propensos a realizar actividad física en la adolescencia temprana.

Para realizar el estudio, se analizaron los hábitos deportivos y de actividad física declarados por los menores de cinco y 12 años, así como por sus padres. También estudiaron los síntomas de malestar emocional de los seis a los diez años declarados por sus profesores.

Con ello, descubrieron que los niños de 5 años que nunca habían realizado deportes eran más propensos entre los seis y los 10 años a parecer infelices y cansados, tener dificultades para divertirse, llorar mucho y parecer temerosos o preocupados.

Del mismo modo, los niños con mayor nivel de síntomas depresivos y ansiosos durante la infancia resultaron menos activos físicamente a los 12 años. Por su parte, en el caso de las niñas, no encontraron cambios significativos.

En colaboración con investigadores de la Universidad McGill y del Instituto de Investigación del Hospital Infantil del Este de Ontario, analizaron los datos de un grupo de niños de Quebec nacidos entre 1997 y 1998, que formaban parte del Estudio Longitudinal de Desarrollo Infantil de Quebec.

En este sentido, los padres de 690 niños y 748 niñas habían informado sobre sus actividades deportivas en el último año a la edad de cinco años y de su nivel semanal de actividad física a la edad de 12 años. Por su parte, sus profesores evaluaron los síntomas de estrés emocional apreciados en la escuela a los seis y los doce años.

Con todo ello, los niños que practican deporte en preescolar podrían beneficiarse de las actividades físicas que les ayudan a desarrollar habilidades en la vida y establecer relaciones de apoyo con sus compañeros y entrenadores.

Por el contrario, los niños con síntomas de depresión y ansiedad podrían estar más aislados socialmente, presentar menores niveles de energía y mayor sentimiento de incompetencia, lo que podría afectar negativamente a su participación en la actividad física.

Por su parte, el riesgo y los factores de protección de la depresión y ansiedad actúan de forma diferente en las niñas. Esto se debe a que son más propensas a buscar ayuda y a revelar su malestar emocional, lo que las protege más.

Finalmente, ante el hecho de que las niñas experimentan más angustia emocional que los niños, se produce una identificación e intervención tempranas que las protege de un daño mayor.