La mayor parte de las infecciones gastrointestinales que se producen en el período estival obedece al aumento de la temperatura ambiente y pueden provocarnos desde una diarrea banal a una gastroenteritis severa.

Para prevenirlas, es fundamental cuidar más que nunca la correcta conservación de los alimentos, poniendo especial cuidado en no romper la cadena de frio.

Hay que tener en cuenta que el frío de neveras y congeladores ayuda a ralentizar el crecimiento de la carga bacteriana de los alimentos, pero no los esteriliza.

Además, a temperatura ambiente esa tasa de crecimiento de bacterias se va a multiplicar más rápido lo que provoca que sea mayor la probabilidad de consumir concentraciones más altas de bacterias por unidad de alimento, lo que puede causar daño.

¿Cuáles son las intoxicaciones más frecuentes?

Las intoxicaciones más frecuentes suelen ser, a nivel bacteriano, las salmonellas, el campylobacter, los clostridium y las yersinias.

Las salmonellas son típicas de los huevos y de las carnes que puedan partir de una tasa de concentración bacteriana mayor.

En los lácteos, cuando se pasan mucho de fecha, predominan la salmonella, el campylobacter y la yersinia. Aunque en el caso de los quesos, especialmente en los blandos y sin pasteurizar, hay que tener en cuenta también la listeria.

El clostridium botulinum es causante del botulismo y está relacionado con las conservas caseras, que se pueden estropear.

Cocinar correctamente los alimentos
Cocinar correctamente los alimentos | Pexels

¿Qué hacer para prevenirlas?

Cocinar bien los alimentos supone disminuir la carga bacteriana.

También disminuye esa carga el tiempo que permanece el alimento cocinado antes de entrar en la nevera, el tiempo que los tenemos dentro del propio frigorífico y el tiempo que pasa desde que se saca hasta que se consume.

Por tanto hay que ser extremadamente cautelosos y no romper la cadena de frío de los alimentos.

Por ejemplo cuando el alimento sale de la nevera y se templa, se rompe esa cadena y no debe volver a la nevera, porque la carga bacteriana comienza a aumentar y se eleva el riesgo de tener una intoxicación alimentaria.

Esto mismo pasa también con los congeladores. Es cierto que disminuyen mucho más que una nevera esa tasa de reproducción de las bacterias pero tampoco son esterilizantes.

Por ejemplo si congelamos un alimento con carga bacteriana alta, cuando lo saquemos del congelador el tiempo que hay para cocinarlo es mínimo.

Cuando un alimento se cocina y se congela en ese mismo momento, puede permanecer durante períodos prolongados en el congelador, pero una vez que se descongele, las bacterias se volverán reproducir y no se va a poder repetir el proceso.

En resumen si no se rompe la cadena de frío es muy difícil que se produzca una intoxicación alimentaria.

Síntomas más frecuente y tratamiento

Los síntomas más habituales en las intoxicaciones gastrointestinales suelen ser las diarreas acuosas, frecuentes y muy abundantes.

Normalmente, vienen acompañadas de fiebre y otros síntomas derivados de la pérdida de agua por la propia diarrea, como mareos, tensión baja y hasta desmayos.

Una vez parecen los síntomas, lo primero que hay que hacer es hidratarse bien, con abundante agua o suero fisiológico de farmacia, y observar la evolución.

Se puede tomar algún antitérmico o analgésico habitual que uno ya esté acostumbrado a usar, como paracetamol.

En el caso de que la fiebre no baje, que la diarrea sea muy consistente o se acompañe otros síntomas generales más bruscos o elevados, es recomendable consultar con el médico.

Este tipo de intoxicaciones suelen cursar con un malestar general durante 24-48 horas, acompañando las diarreas. Lo normal es que evolucionen favorablemente y la diarrea cada vez vaya a menos encontrándose bien y sin fiebre durante 7 o 10 días.