Las bajas temperaturas de invierno pueden aumentar el lagrimeo de forma natural, sin convertirse en un síntoma de problemas oculares, aunque pueda producir incomodidad y ser motivo de consulta oftalmológica.

La sequedad de los edificios, las casas, las oficinas y los centros comerciales hace que en esta época del año puedan ser más evidentes los síntomas de sequedad ocular.

Además, el aire característico de otoño e invierno es otro de los principales causantes de incrementar la sequedad ocular, pero al mismo tiempo hiperestimula la producción de la lágrima, lo que junto con el frío genera lagrimeo o epifora, una situación ante la que no hay que hacer nada porque es totalmente normal.

Por otro lado, el calor excesivo de las calefacciones, la sequedad ambiental y el uso continuo de pantallas hace que se produzca un aumento de los síntomas de la sequedad ocular.

Para poder evitar este malestar, es recomendable lubricar la parte externa del ojo con lágrimas artificiales, aplicadas 3 o 4 veces al día, y mejor si llevan hialuronato sódico, que aumenta su estabilidad de la superficie corneal.

Cabe destacar que en la práctica de deportes de invierno, especialmente los que son de nieve, hay que tener especial cuidado con la protección que usamos frente a la radiación ultravioleta, puesto que la nieve puede reflejar esta radiación en un 80-90% y nos expone a mayor cantidad de UVB-UVA.

La excesiva radiación puede aumentar el riesgo de cataratas y de retinopatías. Por lo que, el uso de gafas de sol adecuadas, en forma y tamaño, con protección lateral, así como con cristales homologados que eviten los reflejos, permitan una buena visión de los colores y protejan contra traumatismos van a ser esenciales para nuestra salud ocular.