Muchos son los factores que hacen posible que en el mercado existan patatas con garantía de calidad. Te los contamos:

Este ingrediente se conserva de manera óptima por largo tiempo, pero las patatas de calidad cumplen, además, con unos estándares muy elevados, desde su producción, hasta que llegan al punto de venta.

El trato que reciben tanto en los propios cultivos, como en la recolección; el mantenimiento de la cadena de frío desde que se recolectan hasta que llegan a la planta embolsadora, así como desde que salen de la planta ya envasadas y se entregan en los supermercados y fruterías, es fundamental para mantener este producto fresco en perfectas condiciones para su consumo.

Selección de patata | Hijolusa

Todo este mimo con el que se trata al producto durante su manipulación es determinante. De otra forma, los golpes que recibiría se traducirían en partes ennegrecidas que deberían ser desechadas antes de su consumo.

La conservación es también un punto clave que garantiza la calidad de la patata. Almacenarla de forma óptima alarga su vida útil y permite conservar todas sus propiedades durante mayor tiempo. Algo que se aplica al momento en que nos las llevamos a casa. Una patata que se almacena en un lugar fresco, seco y oscuro, evita germinar con demasiada rapidez, y no enverdece ni se vuelve negra.

Por otro lado, algunas formas de preparación tienen más ventajas que otras.

Las patatas que se compran ya lavadas ofrecen una garantía de calidad adicional: la piel ha sido desinfectada con anterioridad y se puede apreciar perfectamente su estado de conservación. Por lo que podemos saber a simple vista si el producto que nos llevamos a casa tiene algún daño o desperfecto. Tanto cocidas, como asadas, fritas o al vapor; cocinar y comer patata con su piel aporta múltiples beneficios, y se convierte en un potenciador del sabor. Además, ahorra tiempo en la cocina.

Si la patata está bien limpia, su calidad se aprecia a simple vista. Una piel uniforme, fina, sin marcas, brotes ni verdeo, son signos de su calidad. Todo esto contribuye a reducir también el desperdicio de alimento, puesto que la cantidad de producto a desechar será mínima. Una patata de calidad se puede aprovechar al 100%.

Patata rellena | Hijolusa

Cocer la patata entera con piel permite conservar sus propiedades nutritivas de la mejor manera. La piel de la patata contiene una cantidad de fibra digestible superior a la del salvado de trigo, que podría incluso desempeñar un papel en la reducción de los niveles de colesterol. Además, otra de las ventajas de esta piel es su contenido en potasio. Pelar las patatas favorece la migración de las vitaminas y los minerales de su pulpa hacia el agua utilizada.

Según la receta a cocinar, la variedad de la patata se convierte en un factor importante que determinará la calidad del plato. Para freír, unas buenas variedades podrían ser la Agria y la Caesar, mientras que para guisos sería preferible la Rudolph o la Monalisa. Para el cocinado en microondas al vapor, una de las mejores variedades es la Jazzy, una patata de carne firme y melosa. Pero, si por el contrario, buscas una patata apta para todo tipo de usos, podríamos hablar de la Soprano o la Orchestra.

¿Por qué una patata es especial para freír y otra no?

La respuesta a esta pregunta nos la da su cantidad de materia seca. La patata se compone de agua y materia seca. A mayor cantidad de materia seca, mejor freirá la patata. Si esta contiene entre un 18% y un 23% de materia seca, se considera que la patata es óptima para freír, ya que absorberá menos aceite y ofrecerá un aspecto más terso. Además, quedará crujiente por fuera y tierna por dentro.