Hidratos de carbono

El metabolismo de la glucosa y sus alteraciones tienen repercusiones en el sistema inmunológico. La glucosa es el principal combustible de las células.

Plato de pasta | iStock

Lípidos y grasas

Todas las células tienen un componente lípico fundamental para su integridad. Cuando el aporte de lípidos es muy escaso esta protección en la respuesta inmunológica se deteriora. Los ácidos grasos esenciales son necesarios para determinadas funciones que el organismo no puede sintetizar, por lo que deben obtenerse de la dieta, especialmente del omega 3 y el omega 6, presentes en pescados azules como las sardinas, el salmón, los arenques o la caballa, en los frutos secos y los aguacates.

Cortando salmón | iStock

Proteínas y aminoacídos

Son un componente básico de todas las células, pero además intervienen en la formación de anticuerpos, hormonas, enzimas, neurotransmisores y otras sustancias claves para el desarrollo de la vida del organismo y el sistema inmunológico.

Las proteínas y aminoacídos se encuentran fundamentalmente en los frutos secos, los huevos, el salmón, los lácteos, la soja, el maíz, las legumbres, las espinacas, la remolacha, el perejil y la col. También están presentes en la carne de cerdo, el marisco, el pescado azul y en verduras como las cebollas, los pimientos, ajos, champiñones y espinacas; los plátanos, las cerezas, las fresas, kiwis, sandía, cerezas, y la piña. Además, de la carne de pollo o pavo.

Huevos | iStock

Vitaminas

Las liposolubles juegan un papel fundamental en el sistema inmune y en la respuesta inmunitaria, factores claves en el desarrollo del tejido epitelial que cubre la piel y las cavidades de entrada en el organismo. Además, ayudan en la producción de los leucocitos y los anticuerpos.

La vitamina C se encuentran fundamentalmente en las frutas y verduras. El kiwi, el pimiento rojo, todas las frutas, especialmente las rojas y naranjas.

La vitamina A está en el hígado, los huevos, la leche entera, el brócoli, la zanahoria, las espinacas, la remolacha y la calabaza.

La vitamina D encuentra sus fuentes en la luz solar y la dieta. Pescados grasos como la caballa, el atún, el salmón, las sardinas, la leche entera, el aceite de hígado de bacalao, los huevos y las mantequillas son ricos en esta vitamina.

Las vitaminas del grupo B son importantes para el sistema inmune, pero especialmente la B6, la B9 y la B12, porque afectan a la respuesta de los linfocitos y a la producción de los anticuerpos. Estas vitaminas se encuentran en las sardinas, boquerones, salmón, ostras, nueces, lentejas, garbanzos, plátano, brócoli y frutos secos. La B12 está en as carnes, huevos, lácteos, vísceras, pescado azul y los quesos.

El consumo de frutas y verduras ha aumentado en Europa | Pexels

Minerales

Los minerales como el hierro, el selenio, el cobre o el zinc son fundamentales porque son inmunoreguladores.

El hierro se encuentra en carnes rojas, vísceras como el hígado y en muchas semillas, legumbres, germen de trigo, cereales integrales y frutos secos. Pero el cuerpo asimila mejor el hierro de los productos de origen animal que los de origen vegetal. Su absorción se ve favorecida con la presencia de vitamina C.

El zinc está presente en los pescados, los huevos, los cacahuetes, guisantes y el chocolate.

El selenio se encuentra en casi todos los mariscos, las pipas de girasol, las hortalizas, las nueces y las carnes rojas.

El cobre lo encontramos en el hígado, los frutos secos, el marisco, semillas, cereales de trigo y el chocolate.

Frutos secos | iStock