La violencia vicaria o ‘por sustitución’ constituye una forma más de violencia machista cuya finalidad principal es la de causar el máximo daño posible a la mujer, provocando su muerte en vida, por lo que las víctimas suelen ser los hijos o las personas que más ama. Estas son las cinco claves para identificarla y comprender por qué sucede:

  • Provocar el máximo daño posible a la mujer
El lado más oscuro de la violencia vicaria reside en el hecho de que, a pesar de ser ejercida contra terceras personas, generalmente los niños, su objetivo principal es el de provocar el máximo daño posible a la mujer, llegando a causar su muerte en vida.

Este tipo de violencia se suele manifestar con el asesinato de los hijos, aunque también puede haber otras formas más “leves” como no devolver la custodia cuando toca, mantener retenidos a los hijos o hacerles presenciar actos de violencia contra su madre.
  • Los niños como instrumento
La finalidad principal de este tipo de violencia no es tanto herir a los niños como utilizarlos para hacer daño a la mujer, de manera que quede en ella un recuerdo y un dolor imborrables, provocando la muerte en vida de la mujer.

Como los hijos se encuentran en peligro, este tipo de violencia también se utiliza para evitar que la mujer se aleje del agresor, aunque también pueden utilizarla como un tipo de venganza extrema contra ella.
  • Un problema estructural
La violencia vicaria sigue una serie de patrones estructurales cuyo origen se encuentra en los parámetros patriarcales a los que la sociedad sigue respondiendo a día de hoy. Muchos hombres piensan que los hijos son objetos que la madre tiene gracias a ellos.

En este sentido, entienden que se los pueden arrebatar del mismo modo en que se los dieron. Esto se conoce como ‘fantasma psíquico’, presente en algunas personas que ven a sus hijos como un objeto de deseo y satisfacción, motivo por el que a veces se desencadenan abusos sexuales y maltratos.

Sin embargo, poco a poco, esta problemática está comenzando a tomar nombre y visibilidad en la sociedad, ya que no se trata de nada nuevo. El problema es que siempre se ha pensado, dentro del adultocentrismo, que los problemas les ocurren a los adultos y no a los niños.
  • Reconocimiento inexacto de la violencia vicaria
Si bien, este tipo de violencia no aparece en la Ley de Violencia de Género de 2004, se han producido modificaciones para tenerla en cuenta. Además, desde 2015 se reconoce a los hijos cuyas madres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas como víctimas directas de violencia machista.

Además, en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género sí que figura este término como tal, entendido como el máximo daño posible que el maltratador puede ejercer sobre la mujer.

Una medida reciente es la nueva Ley de Protección a la Infancia, que entró en vigor en junio y que pretende que, en caso de violencia de género, se prohíban las visitas de los maltratadores en caso de que haya una orden de protección para la madre y los niños hayan podido presenciar el maltrato.
  • Necesidad de un abordaje global para combatirla
Para poder acabar con la violencia vicaria es necesario abordarla de manera global y holística, más allá de la concepción inicial de que se trata de hechos aislados, porque responde a un problema de desigualdad estructural existente en el conjunto de la sociedad.

En este sentido, tampoco se puede separar la condición de pareja con la condición de padre, porque es de suponer que, si hay maltrato contra la mujer, también lo habrá contra los hijos.