Adolescencia Libre de Móviles Madrid—o, según su acrónimo, ALMMA— surgió hace casi un año y medio inspirada por un movimiento de familias en Poblenou (Barcelona) que quería retrasar la entrega del móvil a sus hijos e hijas.
Difusión de información, educación a las familias, acompañamiento a padres y madres, relaciones con colegios y hasta presentar sus propuestas ante la Asamblea de Madrid. Esta asociación apoya a las familias que buscan una infancia sin pantallas. En palabras de Gijón,“vamos haciendo todo lo que podemos para proteger a los menores del entorno digital y especialmente para retrasar la entrega del móvil hasta los 16 años”.
Levanta la cabeza: ¿Cuándo te diste cuenta de que el móvil empezaba a ser un problema en tu familia o en el entorno en el que estaban tus hijos o hijas?
María Gijón: A nivel personal era un tema que me preocupaba desde antes. Yo tengo la cuenta de Educar sin pantallas en Instagram desde la que compartía formas de entretener a los niños sin pantallas. Mis hijos tienen 9 y 11 años, no tienen móvil, ni lo han tenido, ni lo van a tener, pero yo veía a mi alrededor—y por eso me gusta mucho el nombre de Levanta la Cabeza— era mucha cabeza agachada en los parques, en las consultas, esperando el autobús o incluso en los restaurantes. Ver a bebés en un carrito con una tablet me parte el alma, y ver a cuatro adolescentes en un parque que, en lugar de estar hablando, están cada uno con su móvil… pues también estremece. Creía que tenía que hacer algo para que cuando llegara la edad de mis hijos estuviese mucho más claro que no se iba a dar el móvil y que la gente de alrededor estuviera concienciada, porque es importante que tu círculo social te acompañe un poco. Creo que los hijos lo entienden y ellos mismos ven cómo en un restaurante una familia no habla entre ellos porque está cada uno con el móvil y, sin embargo, ellos están teniendo una conversación animada. Van viendo esas diferencias que te empoderan como familia para llevar a cabo ese retraso.
LLC: Lamentablemente es algo que se ve con más frecuencia y en muchos casos son los adultos quienes damos mal ejemplo. A veces lo usamos desproporcionadamente tanto para el ocio como para el trabajo…
M.G.: Claro, yo también lo uso para trabajo. Creo que es importante diferenciar entre los menores y mayores de edad. Sabemos que no hay que hacer un uso abusivo y que es malo también para las personas mayores, pero de la misma forma que tú te puedes tomar una cerveza y uno de 16 no, pasa lo mismo con los móviles. Como adultos debemos ser conscientes, hacer un trabajo de autoconocimiento, preguntarnos:“Oye, ¿las redes me están afectando? ¿Me estoy dando cuenta que me he metido aquí a mirar un mensaje y de repente llevo vistos 5 vídeos y no me acuerdo a que me había metido?”.
LLC: Totalmente. Pero si un adolescente ve a su madre o a su padre con el móvil todo el tiempo, o si todos tus compañeros tienen un móvil, existe cierta presión social o incluso ese miedo a quedarse fuera.
M.G.: Exacto, por eso es muy importante en el caso de los menores hacer estos pactos de familia. Si tú acuerdas entre el grupo de amigos que el móvil se da más tarde, ya no hay ese chat en el que tú no estás. También es muy importante ofrecer alternativas cuando verdaderamente hay una necesidad de comunicación, como un móvil sin internet o un fijo en casa. Al final cumple la función del teléfono, pero no tiene todo el resto de distracciones. Otra alternativa para todas esas esperas, del metro o en una sala de espera del médico, es llevar siempre un libro. También hay que aprender a aburrirse o mantener una conversación un rato mientras esperas.
LLC: ¿Cuál dirías que son los principales problemas que genera esta exposición temprana a los móviles?
M.G.: Bueno, pues genera muchísimos problemas. Desde el punto de vista físico dejan de tener actividad física, empeoran el sueño, tienen más riesgo de tener obesidad. Hay riesgos de tener más problemas de salud mental, al final de estar comparando con el resto, en las redes sociales, de tener que estar conectado todo el rato o pensando si me han escrito o si alguien, me estoy perdiendo algún plan. Desde el punto de vista cognitivo, todos los deterioros que tiene en la atención, en la memoria, en la capacidad de trabajo, en la capacidad de frustración… Muchísimos aspectos. Hay un abanico muy grande, de mayor a menor grado, pero todos son efectos nocivos. No hay un coste-beneficio que merezca la pena.
LLC: No, totalmente. Y, a aquellas familias que son conscientes de los riesgos y quieren ayudar a sus hijos o hijas a estar menos conectados… ¿Qué le sugerirías?
M.G.: Pues es muy importante pensar en alternativas que existen, alternativas de ocio y alternativas de juego, de espera, y saber que cuanto más tarde mejor. Si obligatoriamente necesitas sí o sí que el niño esté tranquilo un momento y tienes que ponerle la tele, por ejemplo, pues entonces vamos a pensar en un contenido que sea apropiado en velocidad. Ahora mismo los contenidos animados para niños son muy rápidos. La velocidad de estímulo y el efecto que tiene la pantalla ya en sí mismo es nocivo. Y, finalmente, que no tengan miedo, que lo comenten con otras familias porque seguramente tendrán la misma preocupación y juntas es más fácil.