Ya nadie cree en los hechos. Vivimos inmersos en cámaras de eco en las que vemos lo que queremos ver, escuchamos lo que queremos escuchar y estamos con la gente que queremos estar. Ese caldo de cultivo contribuye a la propagación exponencial de las noticias falsas. Y no hace falta mucho para crearlas.

En una sesión sobre ‘fake news’ organizada hace unos días por la agencia de comunicación Prodigioso Volcán, su director, Mario Tascón, miembro del Comité de Expertos de Levanta la Cabeza, relataba un caso ocurrido durante la campaña electoral de Estados Unidos en 2016.

Erin Tucker, fundador de una pequeña empresa de marketing, tuiteaba la fotografía de unos autobuses a la puerta de un centro deportivo al que, según contaba, llegaban cientos de personas a un mitin de Donald Trump procedentes de otros estados. Tenía apenas unas docenas de seguidores pero su mensaje se viralizó, llegó a miles de personas, saltó a los medios de comunicación… Cuando él mismo rectificó la noticia (nadie iba a un mitin de Trump, era la convención de una empresa), su mensaje apenas tuvo repercusión y la bola de cómo se llenaban los estadios con figurantes para los mítines de campaña del hoy presidente era imparable.

¿Por qué la gente contribuye a la difusión de este tipo de noticias? Tascón ofrecía en su intervención dos explicaciones. En primer lugar, la gente mueve este tipo de informaciones porque parecen más novedosas que las verdaderas, aportan un detalle desconocido (y falso, pero eso es lo de menos) clave para que la gente las comparta. En segundo lugar, estas noticias falsas o bulos suelen provocar temor, indignación y sorpresa. Según detallaba Tascón, el impacto de las redes de robots y las granjas de clics de las que tanto se habla a veces es mucho menor que el de los propios receptores de la información, que son quienes más contribuyen a viralizar los contenidos falsos.

La calidad, como exponía Tascón, no es una condición necesaria para que una noticia se vuelva viral. De hecho, es más probable que la información de baja calidad se viralice y llegue mucho más lejos más rápidamente que la información real. Ahora bien, aunque la noticia sea falsa tiene que parecer que es de verdad. Ahí es donde entra en juego el índice de verosimilitud.

Índice de verosimilitud. | Prodigioso Volcán

Este índice se basa en un cuadrante con dos ejes: el vertical indica la calidad del contenido con dos estados (baja y alta) y el horizontal, la cercanía con las emociones del público objetivo (baja y alta). En ese escenario, tres de las cuatro combinaciones posibles propician una alta posibilidad de que la noticia falsa se convierta en viral.

Así que no es muy difícil crear una fake news. Estos son sus ingredientes para crearlas (y, por tanto, para mantenerte en guardia cuando huelas una):

  • Procura encajar en el índice de verosimilitud

  • No busques la verdad, busca el impacto

  • No te centres en lo que la gente piense, sino en lo que sienta

  • Resalta las palabras y esconde los hechos

  • Distingue y separa rápidamente entre nosotros y ellos: crea nichos de autoafirmación

  • Desvía la atención de los problemas importantes mediante la inundación de continuas distracciones y problemas insignificantes

  • No gastes mucho dinero, no hace falta

  • Una prensa mal preparada será una de las mejores aliadas

  • Desacredita todas las fuentes de información que no controles