Kiki es una chica de Berlín que crea contenido en TikTok. Normalmente, habla sobre sus aspiraciones, sus últimas compras en Zara o comparte sus experiencias con un toque de humor, pero, a veces, también se muestra vulnerable. En un vídeo con casi 600.000 visualizaciones, llora frente a la cámara y escribe: “No importa cuánto tiempo y dinero invierta en cómo me veo. Nunca estoy satisfecha con mi reflejo en el espejo. Las redes sociales pueden acabar con tu autoestima”.

Con este tiktok, la alemana usa la red social para dar visibilidad a la realidad de muchos jóvenes: el gran impacto que tienen las plataformas en su autopercepción. Precisamente esa problemática se abordó la semana pasada en la conferencia Redes sociales y su impacto en la autoimagen juvenil de CaixaForum Macaya. En la charla se debatió sobre el papel de las redes sociales, los filtros y el ‘postureo’ en la autoimagen de los más jóvenes, donde las plataformas y los llamados influencers juegan un rol clave.

La empresa META reconocía en un informe interno de 2021 que Instagram empeora los problemas de imagen corporal de una de cada tres adolescentes que ya sufren dificultades respecto a su aspecto físico. A estas indagaciones se suman los diversos estudios que han demostrado el papel nocivo de las plataformas en la autoestima de niños, niñas y adolescentes. Según la Clínica Mayo, un estudio de 2019 con más de 6.500 jóvenes en Estados Unidos concluyó que aquellas personas que pasaban más de tres horas al día usando las redes sociales podrían tener un mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental.

La insatisfacción corporal derivada de las redes sociales

Santos Solano, doctor en Psicología e investigador del grupo ANOBAS de la Universidad Autónoma de Madrid, opina que se debería prestar la misma atención al tiempo de consumo que al contenido que se está consumiendo. Según el especialista, a través de las redes se interioriza el ideal estético de hombres y mujeres. “Las redes sociales nos ayudan a pensar que el cuerpo perfecto existe y, por lo tanto, que puedes conseguirlo. Otro valor que transmiten es que tener el cuerpo perfecto es igual a éxito y felicidad”, apunta. Así, de acuerdo con Solana, “los adolescentes, que están en proceso de construcción, evalúan su propio cuerpo en base a esa referencia: cuanto más cerca me siento de ese ideal, más satisfacción corporal tengo; cuanto más lejano me siento, más insatisfacción.

Las redes sociales están plagadas de influencers y creadores de contenido que muestran cuerpos perfectos –“no es que lo sean”, matiza el especialista, “sino que hacen que lo parezcan”–, viajes exóticos, parejas idílicas y el acceso a productos limitados. Su apariencia y estilo de vida dista mucho del que tienen los usuarios y eso puede generar “muchísima frustración y problemas de autoestima”, explica Beatriz Romero, politóloga, portavoz de WeLoversize y activista por la diversidad. Así, tal y como cuenta Santos Solana, “los estudios dicen que 7 de cada 10 jóvenes hombres y 8 de cada 10 jóvenes mujeres sienten insatisfacción corporal”.

A pesar de que, habitualmente, muestran la cara amable de la vida, algunos creadores de contenido, como la berlinesa Kiki, se atreven a visibilizar su lado más vulnerable online. Es el caso de Georgina “Gigi” Vives. La influencer, con más de 430.000 seguidores, compartía el pasado octubre en Instagram un vídeo en el que afirmaba: “No suelo contarlo en detalle, pero no estoy, desde hace ya mucho tiempo, a gusto con mi cuerpo. No es nada fácil, pero dedicarme a lo que me dedico también es enseñar esta parte más humana y creo que nos haría sentir mejor a todas”.

En este sentido, Santos Solana entiende que para los influencers la representación de una vida perfecta no debe ser fácil. “Es muy difícil ponerse en la piel de alguien a quien perciben como perfecto y luego tener que convivir con lo que supuestamente no es la perfección”, reflexiona.

¿Qué podemos hacer frente a eso?

Según Santos Solana, la clave está en ejercer una actitud crítica. Para explicarla, usa las comparaciones. “Actitud crítica es lo que tenemos cuando vemos un anuncio de coches. Sabemos que tienen el objetivo de contarnos algo para que compremos el coche. Lo vemos deslizándose por el hielo, saltando de un edificio a otro… Tú no esperas que tu coche, al comprarlo, haga eso. Es una manera de convertir en atractivo un producto. Si como consumidores de redes sociales entendiésemos que estamos consumiendo un producto que no lo vamos a poder trasladar a nuestra propia vida, no conectaremos con la culpa”, explica. El especialista matiza que, al tener la sensación de que el cuerpo depende de cada uno, “se traslada esa sensación de responsabilidad”.

Por eso, “si empezamos a tener influencers que representen a la sociedad y que no estén ligados a una presencia física, estaremos potenciando otro tipo de mensajes”, explica Santos Solana, poco partidario de la prohibición en redes sociales, pero sí a favor de las marcas de agua que advierten del uso de filtros o efectos.

Una opinión similar comparte Beatriz Romero: “No es una cuestión de estigmatizar las redes sociales, sino de aprender a usarlas bien y buscar referentes diversos”. En este sentido, la activista por la diversidad afirma que se debería exigir a marcas e influencers que tengan cierta responsabilidad a la hora de crear contenidos. Así, Romero lo tiene claro: “La libertad real es dejar de compararse, ser capaz de ver la belleza ajena sin que eso suponga una competición y ahí los colegios y las escuelas tienen muchísimo poder”.